ADOLESCENTE SANO

El siguiente documento fue elaborado en 2008 por la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y del Adolescente (AEPnya) (www.aepnya.es). En él se abordan, de forma sencilla, las características del desarrollo normal en la adolescencia y las señales de alarma que deben tenerse en cuenta.


La adolescencia es la etapa de transición entre la infancia y la edad adulta. La esencia del proceso psíquico que todo adolescente atraviesa es, por un lado, la pérdida de la infancia y, por otro, la búsqueda de un estado adulto estable.


Cronológicamente, suele situarse entre los 10–12 y los 18–20 años; sin embargo, la adolescencia se ha prolongado en la medida en que, en las sociedades industrializadas, se ha incrementado el período de dependencia.


La adolescencia incluye cambios en tres niveles fundamentales:

a) Físico: adquisición de la capacidad reproductiva y aparición de las características sexuales secundarias.

b) Psicológico: el adolescente vive un proceso de búsqueda y construcción de su identidad. Esta identidad incluye múltiples componentes: autoimagen corporal, autoconcepto, autoestima, habilidades de interacción social, identidad sexual y afectiva, identidad vocacional e identidad ideológica y moral.

c) Social: se busca la independencia de los padres y se desarrollan vínculos extrafamiliares.


La adolescencia supone una etapa de crisis personal, en la que el adolescente debe asumir la pérdida del pasado infantil y adquirir una nueva identidad adulta. Esto lo lleva a confrontarse con dudas respecto a su propio cuerpo y con carencias, limitaciones y miedos ante lo que desea alcanzar. También es una etapa de crisis relacional, en la que se oscila entre la dependencia de los adultos y el deseo de independencia, lo que puede propiciar una rebelión contra las normas y la autoridad.


Es difícil valorar cuándo las manifestaciones y conflictos de un adolescente requieren cuidados médicos y entran en el ámbito de lo patológico, debido a: la multiplicidad de conductas desviadas, su variabilidad evolutiva, la difuminación de los cuadros nosográficos habituales, el importante papel de la familia y del entorno social, así como la aparatosidad de algunas conductas y la intensidad de ciertas emociones durante el desarrollo normal.


Por ello, es necesario contar con un conocimiento claro de:

Los hitos y adquisiciones del desarrollo normal en sus diferentes esferas.

Las variables del desarrollo normal que, aun siendo peculiares, no entran en el rango de lo patológico.

Los signos de riesgo que predicen una posible evolución posterior hacia la patología.

Los signos de alarma, que indican claramente la entrada en el ámbito de lo patológico.


HITOS DEL DESARROLLO / ADQUISICIONES


Sueño: en la adolescencia se dedican aproximadamente 8 horas al sueño; el sueño REM ocupa alrededor del 20% de ese tiempo.


Alimentación: el importante incremento de peso, que casi se duplica durante el brote de crecimiento puberal, conlleva un aumento de las necesidades energéticas y proteicas. Como consecuencia, algunos adolescentes desarrollan un apetito muy intenso.


Psicomotricidad: el rápido crecimiento puberal puede originar cierta disarmonía física e incoordinación motora. En la adolescencia tardía se restablecen la armonía corporal y la coordinación motora.


Sexualidad: aumento del deseo sexual, incremento de la actividad genital y enamoramientos.


Pensamiento: acceso al pensamiento formal, con cuatro aspectos relevantes: introspección, pensamiento abstracto, pensamiento lógico y razonamiento hipotético. Dos consecuencias frecuentes son el idealismo y el egocentrismo.


Comunicación y lenguaje: el descubrimiento de la propia interioridad puede conducir a cierto aislamiento y a una menor comunicación. El vocabulario suele ser variado, con términos de jerga característica, otros compartidos con los adultos y algunos propios de disciplinas técnicas o científicas.


Atención: en general, el adolescente se muestra alerta, con capacidad para prestar atención y movilizarla de forma adecuada.


Conducta: inestabilidad conductual, alternando entre el deseo de independencia y la rebelión contra normas y autoridad, y momentos de dependencia o nostalgia de la etapa infantil.


Afectividad: etapa de sentimientos intensos y fluctuaciones frecuentes del estado de ánimo.


VARIABLES DENTRO DE LOS LÍMITES NORMALES


Sueño: muchos adolescentes, por hábitos culturales o cambios del ritmo circadiano, duermen menos, se acuestan más tarde y, a veces, presentan somnolencia diurna.

Alimentación: un porcentaje elevado de mujeres y un porcentaje menor de hombres realizan dietas restrictivas, debido a que la satisfacción con el propio cuerpo suele disminuir en esta etapa.


Psicomotricidad: algunos adolescentes presentan estereotipias o manierismos sin significación patológica.


Sexualidad: son frecuentes la masturbación, la curiosidad sexual y el petting(caricias y tocamientos sexuales con otra persona). Se ha estimado que entre un 40% y un 60% de adolescentes han realizado el coito. Puede existir incertidumbre respecto a la propia identidad sexual. La práctica de relaciones homosexuales puntuales al inicio de la adolescencia no determina necesariamente una identidad homosexual definitiva.


Pensamiento: la intelectualización es una forma típica del pensamiento adolescente, que puede llevar a la preocupación por principios éticos, filosóficos o sociales. Pueden aparecer períodos místicos o de ateísmo radical.


Comunicación y lenguaje: las transformaciones corporales pueden despertar miedo y vergüenza en algunos adolescentes, y orgullo o cierto exhibicionismo en otros. Muchos adolescentes, ante conflictos, tienen dificultad para explicarse y, por tanto, para simbolizar y comunicar lo que sienten o piensan.


Atención: puede presentarse falta de concentración en tareas externas, al depositarse gran parte de la carga afectiva en sí mismos.


Conducta: con frecuencia el adolescente cree estar en posesión de la verdad y actúa más de lo que reflexiona. El paso al acto (cólera clástica, agresión, robo, fuga, etc.), si se presenta de forma aislada, no indica patología.


Afectividad: los cambios de humor son típicos. Pueden existir períodos de frustración, desaliento, aburrimiento, soledad y desesperanza sin que ello implique enfermedad. En otras ocasiones se observan períodos de elación y euforia desmedidas, también dentro de la normalidad.


SIGNOS DE RIESGO (PARA CONTROL EVOLUTIVO)


Sueño: insomnio de corta duración (menos de tres semanas) no asociado a sintomatología psiquiátrica grave; sonambulismo; terrores nocturnos.


Alimentación: dieta restrictiva acompañada de cierto trastorno del esquema corporal o miedo moderado a engordar, sin pérdida significativa de peso (IMC > 17,5). Atracones esporádicos sin conductas compensatorias (vómitos autoprovocados, uso de laxantes o diuréticos, etc.). Hiperfagia o disminución importante del apetito como reacción a acontecimientos estresantes, sin otros síntomas psiquiátricos.


Psicomotricidad: tics motores transitorios (menos de un año de duración).


Sexualidad: exacerbación de conductas sexuales normales; inhibición de la respuesta sexual; sexualidad prematura, indiscriminada o promiscua.


Pensamiento: obsesiones o compulsiones pasajeras que no perturban la vida cotidiana. Preocupaciones excesivas, pero no incapacitantes, sobre la silueta, alguna parte del cuerpo o caracteres sexuales. Preocupaciones hipocondríacas moderadas o transitorias.

Comunicación y lenguaje: timidez y/o eritrofobia moderadas; miedo a la relación con el otro sexo.


Atención: distractibilidad o inatención excesivas de inicio reciente.


Conducta: pasos al acto esporádicos (fugas, robos, gestos de violencia, conducción peligrosa, etc.) no asociados a otros síntomas psiquiátricos; consumo ocasional de alcohol o cannabis.


Afectividad: reacciones depresivas o ansiosas moderadas frente a acontecimientos estresantes; tendencia a la preocupación excesiva por el futuro; baja autoestima y sentimientos de culpa; aburrimiento crónico; alexitimia (dificultad para expresar afectos con palabras).


SIGNOS DE ALARMA (PARA DERIVACIÓN ESPECIALIZADA)


Sueño: insomnio de larga duración (más de tres semanas); insomnio asociado a sintomatología psiquiátrica grave; narcolepsia; apnea del sueño.


Alimentación: dieta restrictiva con importante trastorno del esquema corporal o miedo intenso a engordar; o, cuando estas alteraciones sean menos evidentes, pérdida significativa de peso (IMC < 17,5). Atracones recurrentes. Atracones esporádicos con conductas compensatorias (vómitos autoprovocados, laxantes o diuréticos, etc.). Hiperfagia o pérdida de apetito asociadas a síntomas psiquiátricos graves.


Psicomotricidad: tics motores crónicos (más de un año); agitación o inhibición psicomotriz; inquietud grave y persistente.


Sexualidad: abuso sexual hacia otros menores; transexualismo (deseo de vivir y ser aceptado como miembro del sexo opuesto).


Pensamiento: obsesiones y compulsiones reiteradas que perturban la vida cotidiana; preocupaciones hipocondríacas graves y persistentes; preocupación por defecto imaginado del aspecto físico con malestar intenso; ideas delirantes; disgregación o incoherencia del pensamiento; inhibición o aceleración persistentes del pensamiento; fuga de ideas.


Comunicación y lenguaje: fobia social grave; retraimiento grave; verborrea grave y persistente; mutismo; tartamudez; ecolalias; neologismos.


Atención: distractibilidad o inatención grave y/o persistente.


Conducta: pasos al acto repetidos o de extrema gravedad; abuso de alcohol u otras drogas; autoagresiones e intentos de autólisis.


Afectividad: tristeza o alegría patológicas; angustia patológica; indiferencia o frialdad afectiva persistente; anhedonia.


BIBLIOGRAFÍA


1.- Alarcón L., Heit I., Montero E., Mumare M. y Zapata J.: Pensamiento, lenguaje y comportamiento adolescente. Psicología y Psicopedagogía: publicación virtual de la Facultad de Psicología y Psicopedagogía de la USAL. Año III, n.º 10, junio 2002.

2.- American Psychiatric Association: DSM-IV-TR, breviario. Masson, Barcelona, 2002.

3.- Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya: Actuacions preventives a l’adolescència. Ediciones Doyma, Barcelona, 2004.

4.- Hernández M.: Pediatría. Díaz de Santos, Fuenlabrada (Madrid).

5.- Mazet P. y Houzel D.: Psiquiatría del niño y del adolescente. Médica y Técnica, Barcelona, 1981.

6.- Organización Mundial de la Salud: CIE-10: Trastornos mentales y del comportamiento. Meditor, Madrid.

7.- Romeo i Bes, J.: Trastornos psicológicos en pediatría. Doyma, Barcelona, 1990.

8.- Rubio G. y Huidobro A.: Trastornos psiquiátricos: ¿Cuándo derivar al especialista? Grupo Editorial Entheos, Madrid.

9.- Toro J. y Vilardell E.: Anorexia nerviosa. Martínez Roca, Barcelona.



Comentarios

  1. Muy buen aporte. Son datos importantes para llevar una buena consulta en esta población que en ocasiones son dejados de lado

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